Lo único que podría rivalizar con el amor de Walter por el aire libre y la naturaleza es su fascinación con los monstruos y el misterio. No hay nada que le llamara más la atención que las típicas historias de terror que cuentan por la radio o las leyendas locales sobre un elusivo críptido.
Fue precisamente esa búsqueda de lo desconocido lo que acabó conduciéndole a la Constante. Buscando a un hombre que alter pensaba que tendría respuestas a sus preguntas sobre una criatura misteriosa que, según se rumoreaba, habitaba en el bosque, acabó topándose con una cabaña abandonada. Su propietario parecía haberla abandonado precipitadamente, dejando atrás todas sus pertenencias..., entre ellas una extraña radio que, milagrosamente, parecía seguir funcionando. Dando rienda suelta a su curiosidad, al investigar el objeto más a fondo activó una trampa que llevaba años tendida...
Atrapado ahora en la Constante, Walter ha hecho migas con ora alma perdida: una desaliñada perrita llamada Woby. Aunque casi todo lo que envuelve al animal es un completo misterio, Walter se ha comprometido a, algún día, devolverla al hogar al que pertenece (después de todo, es el deber de todo buen Pionero del Pino).