Warly abandonó una prometedora carrera de ayudante de chef en París para volver a casa y cuidar de su anciana madre, cuya memoria había comenzado a deteriorarse. Su mundo pronto comenzó a girar en torno a contarle historias sobre su vida, ponerle su música favorita, cocinar las recetas que ella le había enseñado de joven... Todo con la esperanza de captar una chispa de agradecimiento en su mirada. Con el paso del tiempo, cuando los momentos de lucidez de Angeline comenzaron a ser menos frecuentes y más espaciados, Warly comenzó a sentirse desesperado y dispuesto a probar lo que fuera por recuperar a su querida "maman"...
Fue entonces cuando comenzó a oír la voz en la radio.