Antes de llegar a la Constante, la vida de Wolfgang giraba en torno a la búsqueda de un único objetivo: convertirse en el hombre más fuerte que habrá jamás. Esa misión lo llevó por toda Europa e incluso llegó a cruzar el Atlántico para ir a América, donde sus proezas de fuerza muscular les llamaron la atención a los señores Abernethy y Parker, que lo invitaron a formar parte de su circo ambulante. El esplendor de la vida del circo atrapó a Wolfgang por completo y empezó a centrarse exclusivamente en dar con la forma de mejorar todavía más su espectáculo. Como temía que la fuerza no fuera suficiente para impresionar al público, empezó a usar trucos escénicos, y cada acto nuevo era más increíble que el anterior. Cuanto más extravagante se volvía su actuación, mayor era el riesgo de acabar expuesta como un fraude, y cuantos más errores vergonzosos sufría, más se quebraba su confianza en sus propias habilidades.
Hasta que un día, un encuentro fortuito le mostró la fuerza definitiva que llevaba buscando tanto tiempo...