Warly abandonó su prometedora carrera de asistente de cocina para volver a casa y cuidar de su madre, Angeline, a quien, poco a poco, se le empezó a deteriorar la memoria. Su mundo pronto comenzó a girar en torno a ella: le contaba historias de su vida, le ponía su música favorita y le cocinaba recetas que su madre le había enseñado de pequeño... Todo eso con la esperanza de revivir aquella chispa de reconocimiento en su mirada. A medida que pasaba el tiempo, Angeline comenzó a reconocerlo cada vez menos y Warly se sintió cada vez más desesperado por recuperar a su querida Maman...
Allí fue cuando empezó a oír la voz de la radio.