Una noche, mientras trabajaba en su laboratorio casero, Wilson se sobresaltó al escuchar una voz en la radio que le habló. Al principio creyó que se estaba volviendo loco por trasnochar y por inhalar gases tóxicos de sus experimentos, pero la voz le aseguró que no era su imaginación y que, de hecho, le tenía una propuesta: si Wilson construía una máquina con sus especificaciones, sería recompensado con conocimientos secretos nunca antes vistos. Wilson dejó de lado su cordura (¿qué podría salir mal de un trato ambiguo con una misteriosa voz inmaterial?) y comenzó a construir la máquina. Cuando finalmente la terminó, el científico empezó a dudar... fue una duda que lo podría haber salvado de su destino inminente, si tan solo hubiese tenida un poco más de fuerza de voluntad. Pero, luego de mucha insistencia de la voz, Wilson giró el interruptor y activó su creación... y nadie nunca lo volvió a ver desde ese entonces.
Bueno, por lo menos en este mundo.