Palabras de la Constante
No había probado el pastel de carne desde que me fui de Liverpool.
¡La magia me llama!
Sí, caminar es cansador.
¡La magia me llama!
Una gema naranja impura.
Frutos secos y bayas. Nada raro.
¡Qué bruto!
No entiendo cómo funciona, pero funciona.
Solo los animales más estúpidos caerán en ella.
Las trampas mejor puestas.
Inútil.
Aún me quedan un par de truquitos bajo la manga.
Paso ligero, ¿quién quiere asarse a la brasa?
Deberían bastar como calentamiento.
Una cosa maligna.
No es más que una absurda estrella de mar.
Esto hace buen daño.
Seguro que... tenía mis razones cuando la coloqué.
No podrá almacenar nada ahora.
Un lugar para guardar el botín.
Un lugar para guardar un buen botín.
Hmmm. Parece sospechoso.
No puedo pasar por ahí.
Todo se pega, amiga, incluso la madurez.
Está demasiado caliente.
Alguien debería minar eso.
¿Qué hace esa roca ahí arriba?
Estas cosas tardan demasiado.
¿Tengo que cavar en la tierra? ¿Con mis manos?
Va dando la nota.
Deben de haber sido calentados a una temperatura increíble.
¿Es eso un chiste sobre mi edad?
No estoy escuchando.
No pienso tocar eso sin varios pares de guantes.
No me mires así.
Tal vez invitaré a la bibliotecaria a un buen té de mandrágora.
Charlie fue el único capaz de hacerme jaque.
Charlie fue el único capaz de hacerme jaque.
El producto de un mago muy inmaduro, tal vez.
Una metáfora, tal vez.
Lo cierto es que es difícil mantener el equilibrio cuando se está en la cima.
Un fraude total y absoluto...
Elimina el uso de la frase "tú me rascas la espalda y yo te rasco la tuya".
Sé cuándo he sido batido.
El monstruito se enreda con frecuencia.
Lo estaba buscando.
Le han decapitado.
El armario del fortachón está repleto de ellos, a juzgar por el olor.
Esto fue importante una vez para una persona muy específica.
Por fin. Mis trajes se estaban arrugando. ¡Arrugando!