Palabras de la Constante
No querría que mi beefalo se muriese de hambre.
Para cubrirse la cabeza.
Ah, poder disfrutar de algo tan simple...
En algún lugar, un beefalo está desnudo y frío.
Solo quedan las cenizas.
La belleza desaparecerá y caerá en el olvido, como todo.
Por mucho que cambie su aspecto, siempre seguirá siendo la misma criatura.
Ay... El trabajo no tiene fin.
Qué lástima que no sea un tañido fúnebre.
Su devoción no conoce límites.
Esto me protegerá de esos zumbidos felices. Ah, y de los aguijones.
Una miserable colmena de escoria y polen.
Todavía siguen vivas ahí dentro. Pobrecitas.
Las criaturas furiosas aprecian su libertad en retrospectiva.
Tan majestuosa como despiadada...
Las abejas han dejado su dulce marca sobre la tierra.
No es peligrosa... aún...
Supura enemistad. Y miel.
Es inútil por sí sola, al igual que yo.
El aroma del miedo embotellado.
Eres prisionero de tu propio destino condenado.
Para llamar a los muertos.
Baila para olvidar el dolor.
Vaya... Qué grande.
Ha muerto.
Ha tenido una vida dura.
Esas bayas son de tarta.
Tienen un sabor más equilibrado, pero no durarán mucho tiempo.
Será mejor que las consuma antes que lo haga la muerte.
No ha detenido la decadencia, solo la ha frenado.
Es estéril.
Su sufrimiento terminará pronto.
No le queda mucho en este mundo...
Está en el precipicio...
¿Un aperitivo, tal vez?
La espera comienza.
Ha sucumbido al calor.
Aquí no puede haber vida...
Su sufrimiento terminará pronto.
No le queda mucho en este mundo...
Está en el precipicio...
Podría dejarla sin ningún fruto, si quisiera...
Ha dado todo lo que tenía que dar.
El calor la ha derrotado.
A Abigail le encantaría esto...
Este pan tiene una textura muy curiosa.
Mensajero de la muerte.
¡Bolas de batalla!
Desprovisto de vida, descansa en pedazos.
Pocos de nosotros podemos ver nuestras jaulas.