Palabras de la Constante
¡Hasta nunca!
¡Eres un incordio!
Eso es, sigue durmiendo...
¡Qué grosero!
¡Puaj! ¡Qué peste!
No me fío un pelo.
Prefiero un calor más seco.
Tengo una idea... Fuego. De verdad.
¡Me lo pido!
Todavía es viscosa.
Mmmm. Huele a fuego.
¿Quieres algo de mí?
Je. La verdad es que me gustan.
¿A quién van a liar para representar a los personajes?
¿La he visto antes...?
Prenderles fuego a las cosas es mucho más fácil y más divertido.
Caballito mecánico muerto.
Un sacerdote mecánico muerto.
Castillo mecánico muerto.
Es difícil quemar cosas en el mar.
No puedes agitar algo así.
Qué dientes tan puntiagudos.
Supongo que yo también me cabrearía si me despertasen del sueño eterno.
Oye, le han sacado el lado bueno.
Le han quitado el picotazo a su aguijón.
Solo una pieza tonta de alfil.
¡No quiero ver lo que pasará!
Meh. Ni siquiera se puede quemar.
Ahora solo puedo pensar en zanahorias asadas.
Je. Me gusta.
Casi parece amable.
Ahora no parece tan fiero.
¿El tesoro mereció la pena?
¿Por qué siempre hacen estatuas de los idiotas?
¡¿Otra?! ¿Este payaso tiene otra estatua?
Le hemos dado una patada en el trasero.
Le dimos un buen rapapolvo. Y luego lo hicimos otra vez.
Sigue siendo un asco.
Creo... Creo que entiendo el arte.
Todavía siento una presencia maligna observándome...
No me da miedo ese tipo. ¡Ni siquiera tiene brazos!
No me importaría no volver a ver esa cosa jamás.
¡Ayyyy! Creo que me he partido un diente.
Dan ganas de empujarla.
Ja, ja, ahora no me puedes atrapar.
Un caballo sin trasero.
¡No quiero ver lo que pasará!
Menuda pájara dura de pelar.
Buenos tiempos.
Pff, yo nunca necesité guardianes. ¡Y he salido bien!