Palabras de la Constante
Te voy a mimar mucho.
¡No eres más que una bola de lana con patas!
Pues sí que eres delicado, ¿no, amiguito?
Qué tal, plumas.
Los cachorros te quieren sin importarles quién seas.
Parece un poco volátil. ¡Ja!
¡Llevarte por ahí es signo de mal augurio! ¡Ja!
¡Una hilera de migas de pan para seguir!
Nunca me han gustado los amuletos.
Un fuego latente.
Se parece más a un juguete que a una espada.
Puaj, liquen. Hasta la palabra es fea.
Ni punto de comparación con un tubo de acero.
Lista y dispuesta para la cadena de montaje.
¡Caramba, grandullón, yo solo intentaba ayudarte!
Ese cerdo ha tenido días mejores.
Ha quedado para el arrastre.
Parece que está a lo suyo.
¡Tranquilo, grandullón!
Me equivocaba. Esa roca no irá a ninguna parte.
Parece que ese mármol tiene problemas estructurales.
Intoxicación alimentaria y media.
Los han apurado bien...
Un fuego impresionante.
Completamente carbonizado.
Talado por completo.
Otro árbol.
¿¡Para qué necesita un árbol una boca!?
¿Te acuerdas de cuando tirabas mis castillos de naipes?
A mí me parece un montón de basura frufrú.
Es bonito, pero se ve muy vacío.
No es una lámpara, pero servirá.
¡Qué frescura!
No va a durar mucho más.
Creo que es hora de jubilarla.
¡Una buena lámpara te permitirá trabajar por la noche!
Una de esas obras de naturaleza muerta para intelectuales, ¿no?
Ese marco vacío es muy aburrido.
El parecido no está nada mal.
Parece que tiene una nueva incorporación.
Un bichejo animado.
¡Ni lo pienses, pedazo de bicho!
Ya no hay vuelta atrás.
Una cierta despedida.
Eso no está bien.
Es una unidad de refrigeración espeluznante.
Necesita ese ojo tan siniestro para funcionar.
¡Toca arremangarse!
¿Me estás mirando a mí? ¿Me estás mirando a MÍ?
¿Qué se supone que tengo que hacer con esto?