Palabras de la Constante
Es una cebolla acre.
Toma eso, cebolla.
¿Se supone que debo plantarlas?
Esto hace que todo sea mucho más conveniente.
Es un horno. Para cocinar.
Espinoso. Como yo.
Algún tipo de gárgola.
Bueno, eso es atractivo.
Solo son escombros inútiles ahora.
Parece que logramos abrirlo.
Necesita una llave.
Es un monumento a la muerte.
Sí, sí, del polvo venimos y todo eso.
No puedes esconderte de mí.
Ya no existe.
¿Cómo están entrando los pájaros aquí?
Duerme muy profundo.
Un nivel adecuado de esplendidez.
Salobre.
Nadie me escucha.
Bien. Puedo salir de aquí.
La magia podría hacerlo hervir más rápido, sabes.
Es de la familia del solano, sabes.
La papa ya se puede comer.
¿Se supone que debo plantarlas?
Puedo darle un buen uso a esto.
Bueno, no lo estoy preparando.
No dejaré que hable con la tetera.
Debo endulzar la olla.
Apesta.
Una bicicleta que construyeron torcida.
Carnicería de carruaje.
No rezaron lo suficiente.
Pasó algo aquí.
Nadie se mantuvo al día con las reparaciones.
Se acabó el tiempo.
Una torre de reloj que atrasa.
Ya nadie vive allí.
Tanta destrucción.
Nada como el declive de una civilización.
Si tan solo llevara a alguna parte.
Ya no está sobre la cabeza de nadie.
Ahora toca hurgar a nivel experto.
No lo puedo abrir.
Huele mal, pero delicioso.
Disfruto de un buen salmón ahumado.
Agregar demasiado es un a-sal-to a los sentidos.
Debe molerse antes de usar.
Cualquier método para mejorar la comida por aquí es bienvenido.
Ah. Está listo.