Palabras de la Constante
Quizás le dé más suerte a mi bífalo que a mí.
Para envolverse en las pieles de los caídos.
El sueño es una muerte temporal.
Será mejor que me mantenga alejada de ese aguijón.
Quédate quieta, pequeña.
Miel quemada.
¡Su trabajo ha sido fructífero!
Su trabajo robado sabe muy dulce.
¡Trabajen, abejas!
¡Su trabajo ha sido fructífero!
Producto del esfuerzo.
Miel quemada.
¡Su trabajo ha sido fructífero!
Aquí solo hay recuerdos dulces.
¡Trabajen, abejas!
¡Su trabajo ha sido fructífero!
Producto del esfuerzo.
Murió, pero quizá aún no haya partido.
No tú también...
¿Extrañará a su antigua familia?
Me sigue directo a su perdición.
Qué pensamientos tan dementes deben estar detrás de esos ojos.
Al menos nos tenemos el uno al otro.
Exhibe ahora su desnudez.
El mundo te ha dañado.
Hay más de este mundo dentro de la bestia que fuera.
Juntos podemos ir muy lejos.
Dormir, acaso soñar.
No querría que mi bífalo se muera de hambre.
Para cubrirse la cabeza.
Ah, poder disfrutar de las pequeñas cosas...
En algún lugar, un bífalo está desnudo y frío.
Reducido a cenizas.
La belleza, como todo, desaparecerá y será olvidada.
Aunque le cambie su apariencia, siempre será un bífalo.
Ay. Interminable labor.
Ay, no hay sentencia de muerte.
Su devoción no conoce límites.
Esto me protegerá de esos zumbidos felices. Ah, y de los aguijones.
Una miserable colmena de escoria y polen.
Todavía siguen vivas ahí dentro. Pobrecitas.
Las criaturas furiosas aprecian su libertad en retrospectiva.
Tan majestuosa como despiadada...
Las abejas dejaron su dulce marca sobre la tierra.
No es peligrosa... aún...
Supura hostilidad. Y miel.
Es inútil por sí sola, al igual que yo.
El aroma a miedo.
Eres prisionero de tu propio destino condenado.
Para llamar a los muertos.