Palabras de la Constante
Me alegra que nos hayamos perdonado, amigo ocular.
Qué criaturita más bonita.
¿Qué broma hacemos ahora, gatito?
Te estoy acariciando mentalmente.
¡Volando se apresura una hermosura velluda!
Eres tan dulce que te comería.
Perdona que no pueda acariciarte, amiguito.
Un embaucador inteligente.
Cuidado. No me toques las manos.
No me conformaré con migajas, ¡jiu, ju!
Ah, qué molestia. No puedo dejarlo ni aunque quisiera.
¡Ah, lo que podría tejer!
Se queda corto en cuanto a cortes.
Preferiría no comerlo.
Un tironcito rápido y listo.
Un ladrillo a la vez, eso dicen.
Presiento que la respuesta es «enemigo».
¿Eres aliado o enemigo?
Es libre como el viento.
No quiero ser pesado, pero eres bastante maleducado.
Un momento. ¿Por qué hay piedra dentro?
Qué destino desgraciado quedar atrapado en este estado.
Me interesa aún menos que la comida normal.
¡Huesos del mar, de ahí parecen brotar!
¡Laralalaralá, el árbol arderá!
Bueno, fue divertido.
Una broma graciosa con el árbol.
Un curioso árbol con corteza como de papel.
¡Ya no está ligado a la tierra!
¡Maravillosamente inútil!
No hay nada dentro del jarrón.
¡Una luz tan brillante que puedo ver en cualquier parte!
El espacio del jarrón está lleno de flores.
Trataré de no llorar ahora que la luz se va a apagar.
Florcita sobre la mesa, estás un poco aviesa.
La luz de esta lamparita es muy bonita.
Una representación artística de edición limitada.
Qué sombrío. Solo es un marco vacío.
Un retrato realista.
¡Buenos cuernos, ciervo!
Estoy para ciervirte.
¡Qué grande, qué brutal, qué bestia descomunal!
Extrañaba el olor a carne quemada.
¡El tuerto se ha muerto!
¿Un secuela? Qué pésima idea.
Está haciendo la vista gorda, ¡jiu, ju!
Se quedó sin ojo... Desojeado.
Dichosos los ojos que te ven, ¡jiu, ju!
A su ciervicio, señor.
Me gustan más los míos.