Palabras de la Constante
Se han multiplicado como setas, ¡ju, ju!
¡Una metrópolis setil!
No han dejado ni una.
No me verás lágrimas en los ojos. ¡No puedo llorar!
Cocinada, pero no en un plato.
Unas extrañas semillitas, oh, sí, oh, sí.
Una cosa con la que cocinan los mortales.
Tenemos que construirlo, claro que sí.
Un muro alto, bien alto.
Podría dibujarle un bigote sin que nadie se dé cuenta.
Este ya tiene barba.
Qué decepción, está seca, seca.
¡Al parque por aquí!
¡Déjenme salir! Ji, ji, era broma.
Aquí no hay nada divertido.
Quizás no haya nada divertido dentro.
¡Qué criatura tan divertida!
Oh, cielos, oh, cielos.
Tengo entendido que sirven para hacer un buen pastel.
Duerme y sueña, pajarito.
¿Hay almas en el menú?
Es agua muy salada.
Una entrada o una salida, según donde estés.
¡Ji, ji! ¡Salgamos brincando de aquí!
A los mortales no les gusta cuando se queman las cosas por dentro.
A los mortales les gusta de todas las formas posibles. ¿Y a una sierpe?
Cocinada, pero no en un plato.
Unas extrañas semillitas, oh, sí, oh, sí.
Puedes colgar una olla aquí.
Tenemos que construirlo, claro que sí.
Un pequeño recipiente para comida mortal.
A los mortales no les gustan las entrañas de los árboles crudos.
Puaj, porquería.
Las bicicletas giran y giran sin parar. ¡Giran y giran sin parar!
¿Qué rueda chirriante se llevará la grasa al instante?
Todo al final se derrumba.
Todo al final se derrumba.
Escombros, escombros, qué poco asombro.
¡Tic, tac, tic, tac, ji, ji!
Las manecillas se detuvieron. Es difícil saber la hora.
¡Escombros, ruina!
No se ve un alma.
¡Sopla y resopla, y derriba tu casa!
¡Una puerta a ninguna parte, ji, ji!
Todo al final se derrumba.
¡Nada puede obstaculizar a este diablillo!
Cáspita. Está bien cerrada.
No le gusta el aire, oh, no.
Hasta siempre, tierna alma de pescado.
A los paladares mortales parece gustarles.