Palabras de la Constante
¡No, la huerta no!
Hora de cosechar lo que he sembrado.
Por fin se ven recompensados mis esfuerzos.
¡Otra dichosa mala hierba no!
No es más que una planta.
A punto.
Se ha podrido.
Ahora ya no vale para nadie.
Tendré que tener paciencia.
Menos mal que puede trabajar por su cuenta.
¿Es una herramienta agrícola? No me interesan esas cosas.
Esas dichosas cosas aparecen a la misma velocidad a la que las quito.
¿Hace viento ahí fuera o es solo este abanico?
Siempre me consideré el pavo real de la gente.
No es tan elegante como una pluma y un tintero, pero valdrá.
El amarillo es el color de la ingenuidad.
El negro es el color del sueño.
El rojo es el color del fuego.
El gris es el color del dolor.
Mejor él que yo.
Mi vida es un obstáculo tras otro.
Creo que lo mejor será dejarlo solo.
No me fío de su fuente de energía.
No me gusta.
Cuando una puerta se cierra...
Una puerta para el bolsillo.
Una valla para el bolsillo.
Bueno, está claro que ahuyentará a cualquiera con buen gusto.
Qué magia tan maligna. Obtiene su poder de los ojos en blanco y los gruñidos.
Un caballero no debe llevar estiércol en las manos.
No sé qué tiene de festivo.
Es bastante llamativo.
Una fruta para los paladares refinados.
Menuda exquisitez.
Qué dulzor tan agradable.
Qué decadente.
¡Un báculo tras mi propio corazón!
Estupendos para hacer trucos de magia.
Qué bonitas.
Podría aplastarlas si quisiera.
He metido gemas de fuego como broma.
¡Malditas ortigas!
Se ha resecado.
Las palabras son muy poderosas. Y, al parecer, las plumas también.
Debería ocuparme de las brasas.
Una hoguera.
Un fuego crepitante.
Se está apagando.
Está caliente.
Se ha enfriado.