Palabras de la Constante
No me importa esperar.
No merece la pena guardarlo.
A lo mejor las cosas rotas puedes arreglarse... con el tiempo.
Las tareas ayudan a mantener la mente ocupada.
Es agradable.
Por una vez, me recompensan por mis esfuerzos.
A Abigail le gustan las conchas.
Parece que solo dejo miseria a mi paso...
Me ocuparé de su cuidado.
¿Qué oscuras maquinaciones se hicieron alguna vez ahí abajo?
Un simulacro patético...
Pasajera, sí.
La señal está hecha, aunque pasajera.
Su cara en blanco ofrecerá pronto un secreto.
Una delicia dulce y fugaz.
Piezas de una colmena, dispersadas.
Una dulce salsa para el dulce abrazo de esta criatura.
Carne cortada en trozos pequeños. Como mi corazón.
Suena como si hubiera un beefalo atrapado dentro.
Las cosas horribles no acaban nunca.
¿De verdad notaré la diferencia?
Abigail odiaba la comida picante.
No sé qué ayuda ha podido suponer.
Aquí no queda nada para mí.
Cuando contemplo mi reflejo, un fantasma me devuelve la mirada.
La cubierta es de cristal macizo.
¡Atrás, peligroso esbirro del mal!
Los restos de una bestia malvada.
Hasta siempre.
Está muerta.
Deberías haber perseverado en la muerte.
Hogar de las criaturas más viles.
Sacado desde la raíz.
Acabando con todo desde lejos.
Que no pueda oírlo no significa que sea silencioso.
Es felizmente ignorante.
No está flotando, todavía.
Ha llegado a su estado natural.
Trozos rotos de mi corazón.
Oh, si mi barco se chocase con eso...
Se ha derretido un poco.
Se ha derretido un poco.
Es tan frío como mi corazón.
El helado nunca podría reemplazar a Abigail.
Mantiene la cabeza fría.
Tiene un corazón frío y muerto.
Nada nos puede aislar de los horrores de este mundo.
Un báculo para congelar.
Frío y miseria.
Mi corazón ya es frío como el hielo.