Palabras de la Constante
Se le ha agotado el poder.
Abigail... ¿Crees que...?
Se le ha agotado el poder.
Ver los segundos pasar me relaja muchísimo.
Se le ha agotado el poder.
No hay nada más doloroso que mis propios recuerdos.
¿Es el peso de mis actos?
Supongo que... no pasará nada por comer una.
Habría preferido un cuervo.
El sombrero de un pirata sanguinario.
¡Tantos trocitos rojos y jugosos para masticar y aplastar!
Caliente, pero no menos complicada.
¿Cuánto tiempo dejaría atrapado a alguien en el inframundo una sola semilla?
Es una planta en proceso.
¿Ofelia? ¿Estás ahí abajo?
Una anguila.
Estaba sacudiéndose desesperadamente por su vida. Pobre tonto.
Algunas algas.
La vida es sangre y esto.
Inflige caos y confusión en la comida.
Igual me muero de hambre antes de que esté.
Todo habrá terminado pronto.
Otra tarea sin importancia completada.
Un vacío sin comida.
Para cuando el hambre acecha a mi pequeño estómago.
Puedo llevarme el calor conmigo, pero sigo teniendo frío.
Hecho.
Si pudiera aderezar un poco mi vida...
Da igual dónde repose la cabeza, mis noches están llenas de malos sueños.
Abigail y yo montamos una vez una tienda de campaña en nuestro jardín. Fue... divertido.
Tiene ojos, pero nunca llora.
Aquí cabría un cadáver... O unas cuantas docenas de patatas.
Un plato tan delicado como la propia vida.
Una espiral, como mi propia vida.
Ahora ya no se le abrirán los ojos.
No sé si podría cargar con ella yo sola...
La vida que contienen es un misterio.
Su crecimiento se atrofia por los límites de la olla.
Tendría que estar desesperada.
¿Qué más podrían quitarme?
Está seca como la lengua de un gato...
Qué regadera tan rara...
¿Cómo será eso de vivir sin la pesada carga de la inteligencia?
Ah, vivir tan despreocupadamente...
La vida no es justa, ¿verdad?
Duerme profundamente.
Es tan grande como el agujero donde estuvo una vez mi corazón.
Me encantan los concursos de destripar calabazas.
¿Por qué comer estas cosas tan infantiles?
Reconozco el vacío que se esconde tras esos ojos.