Palabras de la Constante
¿Abigail?
Puede que te estés sentando sobre Abigail.
El escondite favorito de Abigail.
El escondite favorito de Abigail.
¿Pueden morir las máquinas?
Le falta alma.
Cuando el sol golpea sin piedad, la vida encuentra una manera. Uf.
Una belladona. Probablemente no está llena de veneno.
A lo mejor llenar mi estómago me hace sentir menos vacío en mi interior.
Arrancada de la seguridad de su hogar desierto.
Me gusta ese olor.
La vida es resistente.
Esta jaula dorada es de cerámica.
Ningún tesoro podría sustituir lo que he perdido.
Cómo no. Cerrado.
No veo qué tiene de espectacular.
Ha empezado a agrietarse...
Nada bueno puede durar...
Parece que nos protegerá, pero ¿por cuánto tiempo?
Ha empezado a agrietarse...
Al final, todos caemos.
Terrible, pero reconfortante.
¿Qué se esconde tras esa mortaja?
¿Qué se esconde tras esa mortaja?
Podría ser peor.
¡Trozos de cosas muertas, convertidas en un chaleco!
Oh, Abigail, ¿te acuerdas de que mamá preparaba esto todos los años?
¿Tienes ganas de merendar, Abigail?
Un brillante faro de dolor.
Parece que se acabaron las celebraciones.
Una mesa para reuniones.
Ojalá Abigail pudiera disfrutar un poco de esto.
No pertenece a este sitio. Igual que yo.
Al menos ya no tendré que llevar cebo en los bolsillos.
Nuevas formas de arrancar a los peces de sus pacíficas vidas.
Temblad, pececillos.
¿Quién sabía que pudieran existir cosas tan dulces aquí?
Libre de las ataduras del cielo.
Tan lleno de potencial.
Todos sus sueños, arrebatados. No está mal con beicon.
Enfriado por la oscuridad.
Un diminuto y frágil ser, luchando por salir a la luz.
No puede soportar el calor.
Una vida que pronto comienza es una vida que pronto termina.
Falta poco.
Ese huevo representa una nueva vida. Agh.
El nido está vacío. Vacante. Estéril. Un hueco.
Una vida perdida... y envuelta en una salchicha frita.
Pequeños bolsillos de calor en este frío mundo.
¿También te irás?