Palabras de la Constante
Todavía está fría.
Como un helado.
Una piedra de temperatura.
¡Caliente!
Se está entibiando.
Alors, no todo en la vida es color de rosa.
Ah, la vie en rose.
Está solita...
Espero que ahora esté un poco más cómoda ahí dentro.
Esa pobre anciana, viviendo ahí sola...
No es por quejarme, pero habría preferido un adorno comestible.
Una caracola llena de caracolas.
Oh... Oh, cielos...
Madame Perla me la confió.
Ya casi no es pegajoso. Casi.
¿Quien vive aquí?
Se cocinó de más.
¿De qué sirve un letrero por aquí?
Escribiré una nota simpática para la siguiente persona.
¡El néctar de los dioses!
Solo hay que agregar leche.
¡Comida reconfortante!
La comida chatarra es mi placer prohibido. ¡Shh!
Todavía tiene algunos pelos dentro.
Me hacer castañear los dientes.
¡Dale picante a mi vida!
Qué rico aroma.
Una cuenca vacía.
Ah, si tuviera tiempo para un baño...
Qué preciosidad a la luz de la luna, ¿non?
¡Chien enojado!
Mmm, caldo para sopa...
Me temo que así es mejor.
¡Qué espanto!
¡Cobró vida de nuevo!
Huele a humedad.
¡Mejor perder un diente que la lengua!
El colmo de los colmillos.
Creo que ya estoy viejo y no lo oigo.
Supongo que no puedo ponerme exigente con los ingredientes, pero...
Hay platos que no deberían prepararse.
Creo que perdí el apetito.
Mi preciosa panera.
Es un alegre palito de pescado.
Le falta su otra mitad.
Es hielo.
¡Iceberg a la vista!
Derretido como mantequilla.
Derretido como mantequilla.
La conservadora, mi segunda compañera culinaria más fiel.