Palabras de la Constante
Hay una mole en el lote.
¡Desagradable!
Esto SÍ me gusta.
Ah, es un caramelo sólido. Temía que hubiera algo sano.
¿A quién no le gusta una buena paleta?
Comerlos me hacen sentir poderoso.
Ah, gusanos... qué original.
No está mal.
Solo los rufianes disfrutan torturándose así.
Suave y brillante, como yo.
¿Quién hace todas estas golosinas?
Regaliz negro, mi favorito.
Casi atractivo. Casi.
Un misterio que no tengo ganas de resolver.
Estoy mucho más decepcionado de lo que pensaba.
¿A quién no le gusta una buena paleta?
Cómo cambiaron las cosas, gusano.
Ahuyenta el terror. Pero ¿quién iba a querer eso?
Ah. Esto funcionará.
Podría ser un poco más fuerte.
Lo podría echar al fuego.
Una buena tetera, con su toque de mutación.
Ah, qué alegría. ¿De verdad hace falta una decoración?
Esto pesa un montón. Ojalá hubiera un sitio donde dejarlo.
Prefiero los de verdad.
Debería estar colgado en alguna parte.
Agh. Otra vez estos.
¿Por qué oigo «Nunca jamás»?
Un arma indigna de una época menos refinada.
Se siente bien deshacer el trabajo de otros.
Nunca recurriría a algo tan bruto.
¿Cuántos hilos tiene esto?
Ya con solo mirarla me da náuseas...
¿Se puede llamar almohada a una bolsa de popurrí?
Al menos será un golpe satisfactorio.
Debes estar bromeando.
La más elegante de todas.
Solo un poco de veneno y unas viejas cenizas.
¿Cómo puede ser que todo en este maldito lugar sea o baboso u oloroso u ambos?
Podría persuadirme para que utilizara la magia blanca.
Agradablemente fresca.
Está demasiado fría para sostenerla.
Un montón de piedra y temperatura.
Está demasiado caliente para sostenerla.
Confortablemente tibia.
Aquí los críticos en serio te comerán vivo.
Buen intento.
Tengo mejores cosas que dejarme regañar por un cangrejo viejo.
Es una mejora.
Qué cuchitril tan triste.