Palabras de la Constante
Siento la presión de su mirada...
Llegará una plaga más a este mundo.
Siguen todos los deseos de su amo.
No sé por qué me ayuda.
Creo que hay que colocarlo.
Esta tierra está quemada y muerta.
¿Qué semillas debo sembrar?
El barro se alimenta de la suciedad para crecer.
Esta tierra está fría y muerta.
Debo preparar las semillas para su funeral.
Todo mi trabajo... destruido...
Es tan cruel que vaya a robarte los frutos de tu trabajo...
¿Cómo ha crecido tanto?
El trágico destino de las malas hierbas es que las arranquen de cualquier huerta.
Una planta.
Tiene ansias de vivir, a pesar de los horrores del mundo.
Ya no puedo ayudar de ninguna forma...
Ha muerto y se está pudriendo.
¿Tienes frío al estar bajo tierra sin compañía alguna?
Se enfrenta a la tierra.
Debería buscar un lugar para la huerta...
Este no es tu lugar.
Dará mucha corriente.
¡Cuac, cuac!
Tal... tal vez garabatee algo... Cuando nadie esté mirando.
Una pluma de canario, dorada como la jaula de oro.
Una pluma suave, negra como la oscuridad eterna.
Una pluma de petirrojo, roja como la sangre.
Una pluma de pinzón de las nieves, blanca como la luz al final del túnel.
Me pregunto lo que hizo.
Una especie de barrera emocional. Pero de madera.
Qué poste tan solitario.
Cumple con su cometido al conectarse.
Así no vale para nada.
¿Mantendrá a los demás dentro o fuera?
Podríamos utilizarlo para construir una puerta.
Podríamos utilizarlo para construir una valla.
Hasta estas piezas sobrantes pueden ser útiles.
Hay que meter en vereda a las vallas rebeldes.
Un cubo de suciedad.
Es tan festivo como yo me siento.
Tiene tantos colores que me hace daño a la vista...
Abigail siempre me decía que estaban llenos de avispas...
El higo se esconde en una coraza de pasta...
Los pedacitos de higo parecen corazones atravesados.
Si tenía avispas, se habrán calcinado todas.
Para llamar a la muerte desde el cielo.
Solo necesita encenderse.
Un pequeño brillo en la oscuridad.
Luces diminutas, escondidas del mundo en mi bolsillo.