Palabras de la Constante
Cocinada, pero no emplatada.
Unas semillitas peculiares por estos lares.
Puedes colgar una olla aquí.
Tenemos que construirlo, claro que sí.
Un pequeño recipiente para comida mortal.
A los mortales no les gustan las entrañas de árboles crudas.
Puaj, qué porquería.
Una bicicleta son dos «cicletas» que giran sin parar.
¿Qué rueda chirriante recibirá grasa al instante?
Todo al final se derrumba.
Todo al final se derrumba.
Esta chimenea se cayó, se cayó.
¡Tic, tac, tic, tac! Jiu, ju.
Las agujas se detuvieron. Ya no pueden pinchar el tiempo.
¡Escombros y ruinas!
No se ve ni un alma.
¡Sopla y resopla, y derriba tu casa!
¡Una puerta a ninguna parte, jiu, ju!
Todo al final se derrumba.
¡Nada puede obstaculizar a este diablillo!
Cáspita. Está bien cerrada.
No le gusta el aire, no.
Hasta siempre, tierna alma de pescado.
A los paladares mortales parece gustarles.
Los humanos lo usan como «especia».
Los mortales ansían estos minerales.
Los minerales están listos.
Tiene que colocarse sobre un estanque.
¡Savia asquerosa y pegajosa!
Para llenarlo con savia.
Un arbolito bebé.
¡Metí la pata!
Hay que plantarlas en la tierra.
No me gusta este tipo de broma.
Los mortales dicen que al molerla se siente el sabor.
A los mortales les gustaría probar un poco.
No queda nada de nada.
¡Picante! ¡Qué fascinante!
¡Ji, ji, ji! Qué árbol tan especial.
Sabía que la savia se acabaría.
El árbol sufre el ataque de esos bichos detestables.
Saldrá sabrosa savia.
¡Savia dulce y azucarada!
Una desafortunada desgracia le ocurrió a la savia.
¿Sientes cómo se acerca tu inminente condena?
¡Oh, cielos, pareces decaído! Sin ánimo, enfermo, abatido.
Durmiendo como los peces. ¡Jiu, ju!
Una casa construida a base de restos.
No quedan más que restos.
Para hacer dulces.